17 mayo, 2014

A solas

Solamente el arribo a su vejez declarada y objetiva pudo explicar el comportamiento que el señor Wenceslao Fechado Desliz llegó a asumir. Más allá de una regresión a su infancia, una bipolaridad o una demencia senil, la cuestión se resumía en la llegada de su temida ancianidad y quizá principalmente a su soledad.
    Y sobre esa su conducta no existieron más testigos que las cosas inanimadas a  las qué él atribuyó vida; no hubo persona alguna que lo sorprendiera en sus juegos, ni siquiera vecinos que lo espiaran pues su residencia era inaccesible para ello y además el señor se prevenía de cerrar las persianas de sus habitaciones. Tampoco en una era ya tan tecnificada existía la amenaza de alguna cámara de circuito cerrado que lo vigilara. Era sólo él y su circunstancia.
    El señor Fechado Desliz había sido hijo único, enfermizo y mimado. Muy pequeño perdió a sus padres y fue criado por unos tíos que igualmente lo sobreprotegieron hasta su juventud. Su infancia cosechó muy pocas amistades y prefirió refugiarse en sus fantasías. En la adolescencia fue muy enamoradizo pero siempre en el terreno platónico.
    No obstante su ternura, lealtad y bondad, Wences albergó mucha amargura en su corazón conforme creció debido a sus frustraciones amorosas. Se recibió de economista y pronto destacó en su profesión. Pertinaz ahorrador albergó una buena fortuna que le permitió vivir holgadamente y a falta de familiares se rodeó de una buena servidumbre de la que posteriormente se deshizo.
    Soltero, sin hijos ni familiares, jubilado y con una respetable fortuna, se aisló prácticamente del mundo, a no ser por su vicio musical que lo acompañaba durante horas… excepto cuando decidía jugar con sus canicas, cochecitos y animalitos de plástico que juntó desde niño y como entonces, totalmente solo, de rodillas o tendido sobre el piso –a pesar de su ya limitada flexibilidad- daba rienda suelta a su imaginación para crear múltiples escenarios dónde interactuar.

    Verlo así –pero recordemos que nadie lo veía- podría haber conmovido a cualquier ser. Era un pobre vejete –a pesar de su riqueza- imbuido en extraños juegos, dedicado a mover sus piezas a capricho y religiosamente guardarlas en sus frascos y cajas.
    El señor Fechado Desliz se sentía muy emocionado al actuar así, pero de su conciencia tranquila pasaba a la preocupación de saberse quizá loco; aunque  tenía razón, si nadie lo descubría no podía catalogársele así. Pese a su edad, él mismo se encargaba de salir como cualquier persona e ir a la tienda de la esquina, a comprarse su pan, a sentarse por ratos en una banca del jardín. No era un ermitaño total, saludaba con cortesía y afecto a sus vecinos y se dejaba visitar ocasionalmente por el médico. Afuera era el viejito más simpático y cordial con que se pudiera cruzar cualquier mortal. Dentro de su casa a la hora de prepararse sus sencillos alimentos, asearse, vestirse y dormir, era de lo más normal… hasta que le daban ganas de jugar.
    Don Wenceslao tampoco era ningún avaro. A lo largo de su vida se distinguió por aportar significativas cantidades a asociaciones y fundaciones filantrópicas de todo género, a favor de la infancia, de los animales, de la naturaleza, y en lucha contra múltiples enfermedades. Pero jamás hizo gala de ello. Prácticamente nadie supo de esta faceta, salvo los administradores de la beneficencia.
    Conmovedor era pues ver a aquel hombre solitario embebido en su felicidad. Parecía de cuatro años y ya tenía casi noventa. Nada ni nadie podían perturbar sus alegres juegos en los que él se explayaba y parecía recobrar fortaleza y ánimos.

    El señor Fechado Desliz murió plácidamente en su mecedora durante una siesta y con una sonrisa en los labios. Nadie se percató de sus juegos. Todas sus pertenencias de acuerdo a su voluntad fueron a dar a asilos y hospicios. Aquellas canicas, cochecitos y animalitos de plástico terminaron en manos de pequeños huérfanos que felizmente los acogieron.
D.R. © Teófilo Huerta, 2013



1 comentario:

Amanda Espejo dijo...

Hola...tenías toda la razón cuando me escribiste que de tu página se derivaba a "muchos" blogs. Admirable lo bien diseñado que está todo: cada cosa en su lugar, y todas unidas entre sí. Muy bien todo!

Felicitaciones, colega,y saludos cordiales desde Chile.